Llegué a España un agosto, siendo un niño y como cualquier otro, descubrí ese verano por primera vez. Todo era nuevo: las costumbres, los juegos, la forma de relacionarse, las pequeñas tradiciones que nadie explica porque simplemente forman parte de la vida. Recuerdo observar mucho antes de entender y poco a poco, aquello dejó de ser "el verano de otros" para convertirse también en el mío.